Correr por montaña, correr con respeto
Correr por montaña, correr con respeto
Las carreras por montaña nos permiten disfrutar del deporte en contacto directo con el medio natural. Pero también nos recuerdan una responsabilidad compartida: correr en la montaña no es lo mismo que correr en asfalto o pista. El terreno, la fauna, la flora, los senderos y el resto de personas usuarias forman parte de un entorno vivo y frágil que debemos cuidar.
Desde la FEMECV, a través del Comité de Carreras por Montaña y la Vocalía de Medio Ambiente, queremos recordar la importancia de aplicar buenas prácticas ambientales antes, durante y después de cada entrenamiento, salida o competición.
Correr por montaña es mucho más que avanzar rápido. También es saber dónde pisamos, cómo nos movemos y qué huella dejamos.
Utilizar los caminos existentes
Uno de los gestos más importantes es respetar siempre los caminos y senderos marcados. Correr fuera de ellos favorece la erosión del suelo, daña la vegetación y puede generar nuevas trazadas que aumentan la presión sobre el entorno.
Por eso, es fundamental priorizar los senderos homologados y señalizados, respetar los cierres temporales o permanentes y evitar rodear obstáculos creando variantes innecesarias.
Cada atajo puede parecer pequeño, pero multiplicado por muchas personas genera un impacto real.
Respetar a quienes comparten la montaña
La montaña es un espacio compartido. Senderistas, ciclistas, corredores, agricultores, ganaderos y otros usuarios conviven en los mismos caminos.
Reducir el ritmo al acercarnos a otras personas, avisar de nuestra llegada, ceder el paso cuando sea necesario y mantener una actitud amable ayuda a mejorar la convivencia y a evitar conflictos.
Una carrera, un entrenamiento o una salida de club también son una oportunidad para transmitir valores de respeto y educación ambiental.
Fauna, flora y residuos: tres claves básicas
Los animales y plantas son los verdaderos habitantes de la montaña. Las personas que corremos somos visitantes. Por eso, debemos evitar ruidos innecesarios, no molestar a la fauna, no dañar plantas ni árboles y no intervenir en el hábitat natural moviendo piedras u otros elementos.
También debemos recordar una norma sencilla: todo lo que sube, baja. Envoltorios, geles, restos de comida, pañuelos, pilas, colillas o cualquier otro residuo deben volver siempre con nosotros.
La montaña no necesita saber que hemos pasado por allí.
Grupos reducidos y menor impacto
Correr en grupos pequeños reduce molestias, facilita la convivencia y disminuye el impacto ambiental. Si el grupo es grande, conviene dividirlo en subgrupos y dejar distancia entre ellos.
También es recomendable evitar zonas saturadas, adaptar el recorrido si un sendero está muy concurrido y respetar siempre las regulaciones de los espacios naturales.
Correr cuidando la montaña
Desde la FEMECV animamos a corredores, corredoras, clubs y organizaciones a consultar el Manual de Buenas Prácticas Medioambientales en Carreras por Montaña y a incorporar sus recomendaciones en la actividad diaria.
Porque correr por montaña también es formar parte de ella.