Escalar también es cuidar la pared
Escalar también es cuidar la pared
La escalada es una de las formas más intensas de relacionarnos con la montaña. Nos acerca a paredes, roquedos, barrancos, sectores y escuelas que forman parte de un medio natural especialmente sensible.
Por eso, desde la FEMECV queremos recordar que escalar en roca exige algo más que técnica y material: exige respeto por el entorno, por las regulaciones, por la fauna, por la flora, por el patrimonio y por el resto de personas que conviven en esos espacios.
La pared no es solo un lugar donde escalar. También es refugio, hábitat, paisaje y memoria.
Acceder sin dañar
El impacto ambiental empieza muchas veces antes de tocar la roca. Los accesos a sectores y escuelas de escalada pueden sufrir erosión, pérdida de vegetación, aparición de atajos o deterioro de caminos tradicionales.
Por eso, es importante utilizar siempre los caminos y senderos existentes, evitar crear nuevas trazadas y aparcar en lugares adecuados, sin molestar al paso de vehículos agrícolas, ganado, vecindario o servicios de emergencia.
Si existe un camino, es porque cumple una función. Respetarlo también forma parte de la actividad.
Fauna, flora y yacimientos
Los roquedos no son espacios vacíos. En ellos viven aves rupícolas, reptiles, invertebrados y especies vegetales adaptadas a condiciones muy concretas. La presencia humana, especialmente en periodos de nidificación, puede provocar molestias, abandono de nidos o alteraciones importantes.
También pueden existir yacimientos arqueológicos, pinturas rupestres u otros elementos de patrimonio cultural que deben ser protegidos.
Por eso, antes de escalar o abrir nuevas vías, es imprescindible informarse sobre regulaciones temporales, zonas restringidas, nidificación, patrimonio y posibles limitaciones ambientales.
Escalar en grupos reducidos
La masificación es uno de los grandes retos de muchas zonas de escalada. Sectores muy concurridos, cordadas numerosas, ruido, exceso de magnesio, residuos o vías ocupadas durante mucho tiempo pueden generar conflictos y deterioro del entorno.
Siempre que sea posible, conviene evitar las escuelas más saturadas, buscar sectores menos concurridos, mantener distancia entre cordadas y reducir al mínimo nuestra presencia e impacto.
Escalar con menos ruido, menos residuos y más conciencia ayuda a conservar los espacios y a mejorar la convivencia.
Buenas prácticas en la roca
Pequeños gestos pueden marcar una gran diferencia: no arrancar vegetación, no marcar presas con clecas, evitar el uso excesivo de magnesio, no dejar cuerdas instaladas durante largos periodos, no hacer pintadas, no abandonar material y recoger cualquier residuo generado.
También es importante llevar atados a los animales de compañía cuando sea necesario, respetar al ganado y no alterar la tranquilidad del entorno.
Una escalada con futuro
Desde la FEMECV animamos a todas las personas escaladoras, clubs y equipadores a consultar el Manual de Buenas Prácticas Medioambientales en Escalada y a integrarlo en la práctica habitual.
La escalada necesita paredes vivas, accesos cuidados y sectores respetados.