Las montañas no se pierden solo cuando arden
Las montañas no se pierden solo cuando arden
Este verano hemos vuelto a ver arder los bosques y sierras de la Comunitat Valenciana. Lo hemos visto con impotencia, como cada año. Y quienes recorremos estas montañas sabemos que el fuego no es la única amenaza. Hay otra que avanza más despacio, pero igual de destructiva: el despoblamiento rural.
Los incendios no son nuevos. Los sufrimos desde los años 70. Pero algo ha cambiado: el calor ya no da tregua. Las olas de calor duran más y llegan con más fuerza, empujadas por un cambio climático que va más rápido de lo que anticipaban los científicos.
Nuestro colectivo montañero recorre cada año estas sierras de Castellón, Valencia y Alicante. Y lo notamos. Notamos el calentamiento global. Notamos la despoblación del mundo rural. Notamos la falta de inversión en la gestión forestal. Todo eso está pasando factura, y no solo a nosotros: también a los vecinos y a quienes son propietarios en este entorno.
Una montaña que ya no reconocemos
Cualquier persona que viva o camine por un pueblo de montaña puede sentir los cambios. Ya no hay cuatro estaciones, hay lluvias torrenciales seguidas de olas de calor. Los manantiales que antes corrían con fuerza ahora apenas llevan agua. Los barrancos se secan. Los pinos sufren. Y mientras todo esto ocurre, seguimos sin invertir lo suficiente en zonas de acampada, refugios y senderos, que también funcionan como primera línea de defensa contra el fuego.
Hace unos años, salir a caminar en pleno agosto por la Comunitat Valenciana era normal. Hoy, con más de 40 grados, puede ser un riesgo real para la salud. Por eso hemos cambiado nuestros hábitos: salimos de madrugada, por la tarde o directamente de noche. Y ya no es solo cosa del verano. Ahora consultamos la AEMET y el 112 durante todo el año, porque el calor extremo y las lluvias torrenciales ya aparecen también en mayo o en septiembre, cuando menos los esperamos.
"La desertificación avanza demasiado rápido, y encontramos pueblos con restricciones de agua o bosques que ya no invitan a ser recorridos"
Cada incendio deja el paisaje un poco más árido. Cada año que pasa, vemos pueblos con restricciones de agua. Vemos bosques tan degradados que ya no apetece ni entrar en ellos. Y vemos algo todavía más triste: pueblos que se quedan sin gente joven, donde cierran los bares, los comercios y los alojamientos que antes nos recibían después de cada ruta. Estas montañas necesitan gente que los habite, con condiciones dignas para vivir. Pero cada vez hay menos. Y sin nadie que cuide el territorio a diario, la gestión forestal se queda huérfana.
El mismo problema, contado por los pueblos
Cada vez que hablamos con un club de montaña o con un alcalde, escuchas la misma historia: cada año llegan más personas a hacer deporte o turismo al aire libre, pero cada año hay menos negocios que puedan atenderlas.
Cierran los alojamientos. Cierran los bares. Y, sin embargo, la solución está delante de nosotros: quienes vamos a la montaña necesitamos esos servicios para disfrutarla con responsabilidad, y los pueblos necesitan a quienes vamos a la montaña para mantener viva su economía. Nos necesitamos mutuamente.
La agricultura y la ganadería, por sí solas, ya no bastan para que estos pueblos sobrevivan. El turismo de naturaleza —el senderismo, la escalada, el barranquismo, las carreras por montaña— se ha convertido en una pieza clave para mantenerlos con vida. Por eso creemos que ha llegado el momento de sentarnos todos a la misma mesa: Generalitat, diputaciones, ayuntamientos, vecinos, empresas, asociaciones, clubs y federaciones deportivas. Necesitamos una hoja de ruta común que marque de verdad las prioridades de estas montañas, de quienes las habitan y de quienes las disfrutamos.
Lo que ya estamos haciendo
No partimos de cero. Llevamos 30 años trabajando junto a ayuntamientos y clubs para mantener viva una red de más de 9.000 km de senderos homologados en toda la Comunitat Valenciana. Organizamos carreras de montaña y salidas senderistas. Equipamos zonas de escalada, barrancos y vías ferratas, para que se pueda disfrutar del deporte al aire libre con seguridad. Y desde los clubs y las personas federadas impulsamos voluntariado ambiental junto a ayuntamientos y parques naturales, recuperando senderos olvidados y patrimonio natural y cultural que, de otro modo, se perdería para siempre.
Ahora, más que nunca, necesitamos que todas las partes se comprometan con el futuro de estas montañas y de quienes las habitan. Nos jugamos la supervivencia de un patrimonio natural y cultural único. Y nos jugamos algo igual de importante: que los pueblos de montaña sigan abriendo sus puertas cada fin de semana, para acoger a quienes, como nosotros, no dejamos de querer estas montañas.