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SALIDA ESTIVAL PTACV 2018

Este verano la salida que hacemos todos los años con el PTACV la hemos desarrollado en los conocidos como Alpes del sol, el macizo de Ecrins, en Francia.

Ha sido una semana que por supuesto ha pasado demasiado rápido y aunque no era lo inicialmente previsible, el tiempo nos ha acompañado bastante. 

El primer objetivo fue la aguja Dibona, una aguja de roca que inspira a cualquier escalador o alpinista que se precie. Salimos desde Les Etages a las 7 de la mañana, dos horas de aproximación alpina para abrir boca. Nos dividimos en dos cordadas y cada uno a su vía. A las siete de la tarde llegamos de regreso al coche después de doce horas de actividad.

El día siguiente, desde el mismo camping de La Berarde fuimos a escalar a la pared que da sombra al camping, cuatrocientos metros de granito, no muy continuo pero con largos bonitos.

Al día siguiente y con el pretexto de una tormenta persistente que ocuparía casi todo el día, cambiamos de lugar, nos fuimos al otro lado del macizo, Ailefroide.

Allí pudimos escalar algunas de sus graníticas paredes y preparar lo que será la actividad alpina del viaje.

Saliendo de Pre Madame Carle, un poco más arriba de Ailefroide nos dirigimos al refugio del glaciar Blanc, refugio des Ecrins. Desde allí al día siguiente y divididos en dos cordadas atravesamos el glaciar en dirección a la Barre, la montaña mas alta de los Ecrins y la única junto con el Dome que superan los cuatromil metros.

Una de las cordadas haría la ascensión clásica, que va hasta el hombro que separa la Barre con el Dome y escala directamente la arista hasta la cumbre, con retorno deshaciendo la arista en dirección contraria.

La otra cordada haríamos la arista Este o arista integral de la Barre, empezando la arista totalmente a la izquierda de la montaña y atravesando esta por toda la arista, el descenso es común con la otra ruta. Diedros mixtos de cuarto grado apretado, corredores encajonados y  travesías con mucho, mucho ambiente. Una ruta bastante exigente para iniciarse en el mundo de los cuatro miles.

La bajada, interminable, casi dos mil metros de desnivel que entre el madrugón, la ascensión y la altura, se puede atragantar.

Al día siguiente merecido descanso, secar ropa y material y recuperar fuerzas para el viaje de vuelta que casi seguro se hará más largo que el de venir.

 

Autor: 
Miguel Anta Sancho Coordinador del PTACV
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